Gran Reactor, un club de ideas y sinergía en Rosario

Como los famosos bares ocultos que se esconden en el subsuelo de una florería, si van por el centro de Rosario pueden tener la agradable sorpresa de encontrar en la trastienda de la librería Mal de Archivo un lugar perfecto para cultivar ideas emprendedoras.
No se trata de un común espacio de co-working, sino de Gran Reactor.

Un club de ideas. A primera vista puede asemejarse a estos sitios de trabajo compartido, pero sus fundadores decidieron dar una esencia peculiar al proyecto, inevitablemente conexo a la de la librería. Esa impronta que lo atraviesa es esta propuesta de club, necesariamente vinculado con la vida cultural de la ciudad.

Mesas grandes e individuales se reparten en unos pocos metros cuadrados, con personas trabajando en su computadora pero también conversando o dibujando entre libros, vinilos y piezas artísticas. Al final del día, Gran Reactor casi siempre mantiene las puertas abiertas para recibir algún evento cultural: la presentación de un libro, una feria de impresos, una muestra, etc. Este espíritu es precisamente lo que vincula a sus cuatro socios: Federico Galuppo, Francisco Sanguinetti, José Sainz y Nicolás Chiappa, todos provenientes de del ámbito cultural, ya sea estatal o privado.

Cada uno de ellos tiene un recorrido emprendedor distinto y diverso, pero igualmente “Gran Reactor es un viaje distintivo para todos por igual”, acota Federico Galuppo, el portavoz ocasional del equipo. Conversamos un rato con él sobre Gran Reactor, el emprendedurismo y la escena cultural de Rosario.

Para ustedes es muy importante que Gran Reactor no se reconozca solamente como un espacio de co-working. De hecho, las palabras que se destacan cuando hablan del proyecto son: encuentro, club e ideas. ¿Por qué?

Claro, a veces el concepto de co-working está asociado a una metáfora de productividad. Producir, producir y que esa producción inevitablemente debería llevarte al éxito.

Tratamos de quitarle tensión, sin salir del concepto de espacio de trabajo, pero intentamos recuperar el concepto de club, de ocio creativo, también como una manera de generar valor. En Gran Reactor podés venir a trabajar, pintar, escribir, tener reuniones de trabajo y también participar de la grilla cultural que tenemos, que va desde ferias de ropa y dibujos hasta taller de lectura e idiomas. Creo que nunca pensamos objetivamente donde queríamos llegar. Sí lo pensamos como un hacer. Por ejemplo: para hacer una casa necesitamos estas herramientas y queremos que tenga esto, esto y esto. Con Gran Reactor, paso algo muy similar. Este espacio debe tener un concepto de club, visualizar artistas locales y generar actividades formativas y creativas, etc. En ese sentido, hemos logrado una identidad muy marcada dentro del campo cultural de la ciudad.
“intentamos recuperar el concepto de club, de ocio creativo, también como una manera de generar valor”
No es menor que Gran Reactor se encuentre en la trastienda de una librería. Su espacio se encuentra muy vinculado con el ámbito cultural de Rosario. ¿Cuál es su relación con este escenario?


Desde el vamos, los chicos que llevan adelante Mal de Archivo son amigos nuestros y la idea de compartir espacio y formar parte de algo común fue charlado desde un principio.

Mal de archivo ya tiene un recorrido en lo que respecta a su estética y contenido hace bastante tiempo, nosotros siempre fuimos amantes de esta librería. Así que no fue tan difícil el vínculo, pero podríamos mejorarlo todavía más.

Sin intención de pedirles una definición del nombre, Gran Reactor inspira la imagen de una máquina que impulsaría hacia adelante, hacia la mezcla y la fusión de ideas. ¿Cuál es el deseo que tenían y tienen creando este espacio?

Es un poco lo que decís, aunque suene ambicioso creo que viene por ahí. Teníamos que comunicar desde el nombre y creo que funciona bastante bien. Generar un espacio de contenido, valor y sinergia entre actores aparentemente distantes que en realidad, siempre terminan necesitándose entre sí. Quizás por ejemplo: un dibujante se cruza con un diseñador y el diseñador con un arquitecto y terminan pasando cosas, esa es la reacción nuclear copada que nos interesa. Y también, claro, aportar al valor cultural de la ciudad.
“generar un espacio de contenido, valor y sinergia entre actores aparentemente distantes que en realidad, siempre terminan necesitándose entre sí”
Hoy en día, el escenario emprendedor está creciendo y ha cambiado mucho. Me parece que se trata también de crear redes, de compartir conocimientos, de generar vínculos de colaboración. ¿Qué pensás de eso?

Eso es todo, más en cultura o mejor dicho, sobre todo en cultura, hay que eliminar el concepto de competencia. No quiero sonar con esto idealista o utópico. Todo lo contrario. Lo pienso desde el lado empresarial. Tenemos que crear un polo cultural increíble en Rosario y para eso necesitamos muchos espacios como estos. Necesitamos formarnos, demostrar que somos eficientes y que la industria creativa es rentable y sostenible en el tiempo. Necesitamos generar alianzas colaborativas para ayudarnos entre nosotros, desde la problemática de los costos, hasta la difusión de actividades y el desarrollo de audiencias.

¿Cómo se ubican en el escenario emprendedor?

Como un espacio autogestivo, con identidad propia, que genera valor y contenido. Rosario es una ciudad con una potencia autogestiva impresionante, somos capaces de hacer un festival o una feria casi sin recursos. Lo cual es algo bueno y malo al mismo tiempo. Bueno, porque si hay algo que nos destaca es la pasión, el amor y el entusiasmo por la autogestión. Malo, porque tal vez propiciamos un ambiente laboral inestable casi imposible de sostener. Quizás Gran Reactor aporte de algún modo algunos pequeños apuntes al intento de profesionalizar los proyectos culturales.
“sobre todo en cultura, hay que eliminar el concepto de competencia. No quiero sonar con esto idealista o utópico. Todo lo contrario”
Ofrecen algunos productos alimenticios para quienes estén trabajando en Gran Reactor. Todos estos provienen de pequeños productores de la región. ¿Es una forma de apoyar a otros emprendimientos?

Sí, es un poco el concepto colaborativo que vengo diciendo en alguna pregunta anterior. Si uno se pone a pensar la cantidad de posibilidades laborales directas o indirectas que genera la industria creativa puede llegar a sorprenderse. Vale como ejercicio pensar cuánto trabajo hay para una banda de música en hacer un disco, cuánta fuente de laburo hay ahí adentro. Eso es lo que defendemos y trabajamos para sostenerlo.

¿Tienen alguna anécdota de proyectos que se hayan dado por encuentros en Gran Reactor?

Nos pasa mucho y cada vez más, porque los socios se van afianzando y van permaneciendo en el tiempo, y eso inevitablemente desemboca en un vínculo.

Si tengo que contar una anécdota, me acuerdo de una, que fue al principio. Venía a Gran Reactor un cuerpo técnico de equipo de primera división de futbol a trabajar, miraban videos, etc. Por otro lado, otro de nuestros socios era psicólogo deportivo. Se conocieron y creo que han trabajado juntos en proyectos. Fue genial.

¿Cuáles son sus expectativas para el futuro de Gran Reactor?

Nuestra expectativa es seguir aportando al polo cultural desde el lugar que sea. Brindar el espacio, mostrar obras y artistas de la ciudad y de otros lugares. Afianzarnos como gestores culturales y poder seguir haciendo lo que nos gusta con amor, entusiasmo y responsabilidad.

AUTOR
Natacha Ferrer.
(Casi) Licenciada en Comunicación Social (UNR, 2018), Comunicadora, emprendedora cultural y gestora cultural en formación. Originaria de Francia, en 2011 se radica en Rosario para realizar sus estudios universitarios. Participó y desarrolló diversos proyectos culturales independientes. Dirige actualmente la revista cultural digital Krio y co-coordina el ciclo de encuentros Cultura y Resistencia.

AUTOR

NATACHA FERRER. (Casi) Licenciada en Comunicación Social (UNR, 2018), Comunicadora, emprendedora cultural y gestora cultural en formación. Originaria de Francia, en 2011 se radica en Rosario para realizar sus estudios universitarios. Participó y desarrolló diversos proyectos culturales independientes. Dirige actualmente la revista cultural digital Krio y co-coordina el ciclo de encuentros Cultura y Resistencia.

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