EC#5 – Espacios culturales autogestionados – Sumario

El pasado miércoles 13 de agosto, espacios culturales de lo más variado y artistas de todo tipo tomaron la Avenida de Mayo a la altura del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires bajo la consigna #LaCulturaNoSeClausura. El motivo que disparó la convocatoria fue una seguidilla de clausuras (tendencia que continúa al momento de salir este número de Emprende Cultura), que demostró una vez más la necesidad de una legislación que contemple la diversidad, características e importancia de los cientos de espacios culturales que habitan Buenos Aires.

Sin embargo, teniendo en cuenta la cantidad de público que asiste a los eventos y actividades ofrecidos por todos estos centros de cultura, llamó la atención la ausencia de ese público. A ojo, la mayoría de los asistentes a la manifestación eran gestores o artistas que tienen presencia en los espacios. Una hipótesis probable, sobre la que se montó el eje de este número, es que los usuarios rara vez conocen el trabajo que implica llevar adelante un centro polifuncional, una milonga, una peña.

El efecto Cromagnón disparó múltiples vicisitudes y debates, así como demostró lo ineficaz, ineficiente y proclive a la corrupción del esquema de reglas existente hasta ese momento. Los centros culturales carecen de cualquier tipo de fomento disponible para ellos, pero se les demanda que cumplan con las mismas reglamentaciones que sitios netamente comerciales o que permanentemente mueven números masivos de público. Este año, incluso se han cerrado espacios por tener nuevos requisitos de habilitación en trámite por demoras de las propias instituciones. La falta de reglas claras también facilitaría la solicitud de diezmos, que es un secreto a voces que nadie quiso repetir frente al grabador.

Asimismo, la profesionalización de la gestión cultural pública y privada, sumado al creciente peso económico de las Industrias Culturales, genera preguntas que ponen en evidencia la falta de estudios y estadísticas que demuestren la incidencia económica y social de los centros culturales. De la misma manera, llenar ese vacío ayudaría a la confección de políticas culturales desde la administración pública tanto como podría orientar acciones conjuntas por parte de los propios actores.

Así es como los protagonistas de este número oscilan entre la épica personal y la colectiva. Feliz coincidencia (o no), Federico Borobio entrevista a Gabriel Patrono, con quien fundara el primer espacio de La Nave de los Sueños. Este nombre solo ya resume un poco la identidad de todas estas voces. Que son Los Jueves de Ana Postigo, una milonga en el corazón de San Telmo que trascendió el fallecimiento de su creadora donde la felicidad en el baile es el homenaje semanal; la peña Los Cumpas, empujada por los hermanos Barco y que es la presencia fuerte de la música y la cultura jujeñas; La Tribu, que empezó como una FM y hoy va mucho más allá de ser un medio alternativo; La Casona Iluminada, cuyos gestores la definen como un lugar de “artes escénicas en cruce”. Comunes denominadores son el trabajo en equipo (sea formando un colectivo o delegando tareas), la amistad y la confianza mutua, la idea del encuentro como fiesta, también el permanente desafío de la supervivencia o el cómo conseguir vivir de lo que a uno le gusta hacer. Por otra parte, Eugenia Santa Coloma entrevistó a Mariano Viceconte, uno de los fundadores de El Quetzal Casa Cultural y hablaron precisamente sobre la situación que están atravesando los espacios culturales de Buenos Aires. El informe mensual del Observatorio de Industrias Creativas de la Ciudad de Buenos Aires en este número es un análisis de Brenda Genero sobre la importancia de contar con un estudio profundo de los espacios culturales y las metodologías a seguir. Ante la falta de números, Emprende Cultura, junto con el OIC y El Quetzal iniciaron al momento de publicarse la actual edición de EC la coordinación para poder generar ese relevamiento con el cual al día de hoy no contamos.

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