Tomás Oulton. Apostar siempre al camino inexplorado

El nombre de Objeto a se apoya sobre su noción lacaniana de – según reza en el sitio web de la galería y productora – “‘objeto de deseo’. Remite a nuestra ‘carencia en ser’, a esa búsqueda siempre fallida de aquello que nos complete, búsqueda constante de ‘un algo’ que nunca se encuentra, que siempre está un poco más allá, búsqueda que nunca se satisface, por eso nos motiva, nos impulsa”. Líneas estas que resumen una suerte de dinámica insaciable por probar, experimentar y crecer pese a todos los obstáculos que suelen presentarse en estos casos.

“Si las cosas no están validadas, se hace camino al andar”, dice Tomás Oulton, quien junto con su esposa Susana de Giacomo y su hija Luján Oulton lleva adelante Objeto a, el espacio que desde hace seis años incursiona de manera cada vez más ambiciosa en las – en Argentina – todavía incipientes tramas del vínculo entre el arte y las nuevas tecnologías.

Caminante no hay camino

“Quería desarrollar algo nuevo y quería desarrollarlo desde el principio”, reflexiona Oulton, este hombre de cincuenta y pico, relato animado y risotada espontánea que supo ser referente de Microsoft en Argentina entre los ‘90s y gran parte de la década inicial del 2000. Oulton se despidió del mercado informático en el año 2007, para incursionar en un proyecto ajeno en muchos aspectos a lo que había sido su principal ocupación los veinte años anteriores.

Después de muchos años de trabajar en emprendimientos donde su función era hacerlos afianzarse frente a clientes y público en general, Oulton sentía que quería algo propio que“empezara desde la nada y que tuviera impacto”. Por aquel entonces, su mujer y su hija estaban encarando un proyecto relacionado al arte y Oulton había comenzado a ayudarlas en aquello que caía en sus áreas de experiencia.

La prueba de fuego no se hizo esperar y fue el mismísimo día de apertura. El día de la inauguración de Objeto a, Susana se quedó encerrada en el ascensor de la galería y pudo salir recién horas después, poco antes de que abrieran las puertas a los invitados. Era el mismo día que, finalmente, los arquitectos estaban terminando los arreglos que habían prometido tener listos dos meses antes. “Llamamos a los bomberos”, y llegaron bomberos y policía. Era el mediodía. Los bomberos entraron con hachas, listos para abrir el ascensor a la fuerza. “¡No, que es la inauguración ahora!”, los detuvo Oulton. Entonces, el siguiente paso fue develar cómo abrir el dichoso elevador mientras a Oulton se lo comían los nervios. Dice riéndose que llegó a pensar que la inauguración nunca ocurriría. Habrá ayudado que a la mañana habían ido con su mujer al Easy para comprar algunas cosas y se quedó sin celular, con el consecuente extravío de los esposos que se encontraban en extremos opuestos del supermercado (y uno de ellos sin saber que el otro se hallaba incomunicado). O probablemente fue que un par de horas después de comenzado el incidente del ascensor, ya con el traje puesto, Oulton cruzó la calle para tirar la basura en el container que está de la vereda de enfrente con tanta suerte que con la basura arrojó dentro del compartimento las llaves del auto; “me tuve que meter adentro del tacho de basura con el traje”. El convite nocturno, por supuesto, fue un éxito rotundo.

Al momento de su partida de Microsoft, Oulton había decidido que deseaba comprometerse de lleno con la iniciativa, la cual, sin embargo, todavía no terminaba de cobrar forma definitiva. Objeto a ya había nacido, pero aún no era claro hacia dónde se dirigía.

Sabían que querían construir un espacio donde las diferentes ramas del arte lo atravesaran transversalmente. Así fue que una de las muestras combinaba arte y nuevas tecnologías. La buena repercusión que tuvo los estimuló y en los dos años siguientes la temática les fue ganando terreno, hasta que llegó a convertirse en la Bienal Kosice – en honor al legendario artista Gyula Kosice, el primero en Argentina en rumbear por estas temáticas allá lejos y hace tiempo y además padrino de la bienal –

La primera Bienal Kosice se planteó como federal y contó con la participación de artistas de diez provincias. La segunda fue aun más ambiciosa y se montó en el Planetario. El blog que habían armado para la segunda edición les mostró el interés global por la muestra y, entonces, decidieron apostar a que la tercera Bienal fuera de alcance internacional, empezando por América Latina. La Bienal latinoamericana contará con la presencia de artistas de diez países de la región para septiembre de este año en el Centro Cultural Borges.

En lo que parece un constante movimiento de expansión, Objeto a también tiró otra línea hacia los videojuegos. Game on! vio sus primeras luces en 2008, cuando el debate, según Oulton era “si el videojuego podía ser un arte o no”. Desde Objeto a decidieron plantear la discusión y la repercusión mediática fue inmediata. Simultáneamente, en el mundo la misma tendencia se evidenció en muestras organizadas por instituciones legitimadas como el Smithsonian en Estados Unidos o la galería Barbican en Gran Bretaña. El videojuego se aceptaba como una obra artística. Para la segunda muestra de Game on! “ya había videojuegos que eran eminentemente artísticos”.

Igual que ocurrió con la Bienal Kosice, Game on! fue creciendo de año a año. La segunda edición fue en el Centro Cultural Recoleta dentro de Fase (el encuentro de ciencia, arte y tecnología que organza el CCR y que ya va por su quinta largada) y la tercera sumó también al Centro Cultural San Martín y se convirtió en regional e iberoamericana. En esta última, incluso trajeron una obra inmersiva que venía de estar en el prestigioso Media Lab del Museo del Prado (España). La de este año está programada para noviembre.

“Ahora, estamos disparados al infinito”, dice Oulton. Actualmente, Objeto a está preparando en conjunto con la Maestría de Artes Electrónicas de la Universidad de Tres de Febrero y la empresa Robot Group una muestra de robótica para octubre en el Planetario y vienen de organizar junto a la Universidad Maimónides otra, Big Brain, en torno al siempre controversial bioarte (también fue en el Planetario) para Ars Electrónica, la feria con sede en Austria más importante de arte y tecnología del mundo. Oulton no habla de eventos, sino de ejes de investigación que se van sumando a la carpeta.

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El pan de cada día

Uno de los puntos que intrigaba en el comienzo a Oulton concernía al modelo de negocios. En una galería tradicional, “vos tenés cuatro o cinco elementos que son los que te generan el ingreso del dinero y de esa forma se subsiste; al final del día es un negocio”. Por el contrario, en el formato al que se dirigía Objeto a el juego es distinto, “porque no vendés obra”.

Es natural que, si el modelo de negocios no resulta evidente, cualquiera se pregunte cómo es posible no sólo sostener lo conseguido, sino cada vez apuntar más alto. “Vos tocás cien puertas, noventa y ocho se te cierran porque te dicen ‘no, flaco, llegaste demasiado temprano, no lo entiendo’ y dos se te abren y te dicen ‘me parece interesante, ¿cómo podemos ayudar?’”.

“Un retorno de la inversión muy claro” es lo que piden la mayoría de las empresas. A partir de eso, buscan establecer mecanismos de canje que les sirvan a estas empresas que se involucran. Por canje fue como consiguieron ayudar a la artista Jorgelina Herrero Pons para realizar su Huerta Helicoide en la segunda Bienal Kosice. Siguiendo la consigna de Ciudad Hidroespacial de Kosice, cada artista intervino el Planetario de una manera distinta. Herrero Pons quería realizar una huerta autosustentable que tapizara toda la escalera principal del edificio. Objeto a consiguió, canje mediante, el material y así la obra – que recibió mención – transformó en un paisaje verde el tradicional gris del Planetario.

Conseguir el financiamiento para cada proyecto puede ser desgastante. Una vez conseguido el financiamiento, se arma un equipo de trabajo más grande y también se terceriza. Pero hasta esa instancia, es el núcleo familiar el que lleva toda la carga laboral encima. “Todos los años se pone en cero el contador”, repite Oulton más de una vez y larga otra risotada. “El tipo que el año pasado estaba bárbaro, este tiene problemas de importación y entonces no puede. El otro, que dijo ‘buena idea’, este año le cambiaron al gerente de marketing y dice ‘¿sabés qué? La idea es distinta’. (…) Entonces, todos los años tenemos que buscar financiamiento”. Oulton dice que es crucial poder plantearse expectativas claras para no desilusionarse después; si el objetivo es hacer plata, mejor bajarse del tren. Pero, encontrar el reconocimiento ya es algo que se ha ido logrando y Objeto a y sus eventos se ha convertido en un actor de peso que figura en agendas nacionales y su trabajo en libros.

Se podría decir que en algún punto, y con esfuerzo, en Objeto a encontraron su modelo de negocios que consigue conjugar los proyectos propios con aquellos que puedan interesar a inversores privados (su rol de productora). “Hicimos una muestra de bioarte, entonces te armás una agenda de cuáles son las empresas de biotecnología que hay en la Argentina. Hay treinta empresas que son de distintos temas. Algunas están en el campo, otras son de investigación, entonces armás una agenda. Las buscás, les pedís hablar con la gente de ciencia y tecnología. Entonces les preparás una carta de presentación. Vas a hablar con los tipos y les decís ‘vamos a armar una mapa del estado de la biotecnología en la Argentina y vos vas a figurar acá y acá’. Entonces, los tipos dicen ‘me gusta el proyecto’. (…) Conseguís aportes de empresas a partir de su involucramiento en estos proyectos. Por otro lado, vas y le decís a las empresas, a la de celulosa, ‘Vos sos una empresa de papel, te hacemos una muestra de artistas que hagan obras de arte con papel’”. Así, por ejemplo, hicieron una muestra para AySA de obras realizadas con agua.

Más tarde en la entrevista, ya casi sobre el final, frente a la pregunta sobre aquello que drena el optimismo Oulton dirá que “lo que me tira para atrás es tener que volver todos los años el contador a cero. Se resetea el sistema. Le decís al tipo que estuvo el año pasado con vos ‘che, mirá, este año vamos a hacer esto’ ‘No, pero este año no te puedo acompañar, porque tengo un problemita’ Y vas a los gobiernos y te dicen ‘Bueno, sí, fantástico, tenés todo nuestro apoyo’ ‘¿Cuál es tu apoyo?’ ‘Tenés todo nuestro apoyo’. Y no tenés más que eso”.

Pero Objeto a no para. Vienen de estar en mayo en el primer Mercado de Industrias Culturales del Sur (Micsur) que ocurrió en Mar del Plata. Encontraron la experiencia interesante, pero también les hubiera gustado ver más interacción entre las diferentes áreas,“que la gente de cine vea las oportunidades que tiene adentro de videojuegos, y que la gente de música vea las oportunidades que tiene adentro de videojuegos. Que haya algo transversal que permita – voy a usar la palabrita – articular las industrias culturales”. En noviembre también es probable que estén en el Festival Cervantino que todos los años se organiza en la ciudad de Azul.

El cronista le pregunta a Oulton si no extraña la adrenalina de trabajar para una empresa como Microsoft. Responda sin dudar: “Ahora tengo más. (…) La compañía donde yo trabajaba dejó de ser la líder y empezaron a aparecer otras cosas. Apareció Google y le pasó por arriba. Entonces, no estaban sucediendo las cosas que sucedían en ese otro período que te decía que era como ir a la Luna; yendo en un cohete a la Luna y atrás todos los otros. Y ya no estaba pasando eso, por eso me fui. Ahora estoy de nuevo en un cohete mirando a ver qué es lo que va a pasar”.

Foto: Diego Braude

AUTOR

DIEGO BRAUDE. Licenciado en Artes Combinadas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Periodista y documentalista. Crea y dirige Imaginación Atrapada desde 2005, proyecto seleccionado como mejor revista de teatro en los Premios Teatros del Mundo. En 2013 estrenó su largometraje documental “Fabricantes de Mundos” y desde 2011 ha escrito en el diario Página/12 y la revista Acción.

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