Valentín Muro y Wazzabi. La tecnología al alcance de todos

Todas las generaciones adultas y envejecidas de mala manera suelen repetir como si fuera una novedad que las nuevas generaciones están perdidas. Lo cierto, es que todas las juventudes tienen miembros que tienen sangre de orchata o que les preocupa su propio ombligo así como dentro de los adultos también hay para todos los gustos al margen de las peculiaridades históricas que les dan su impronta particular. Lo que es indudable, es que el sistema en que vivimos tiende a la aceleración (que tampoco es algo lineal, pero de eso se habla en otra nota de este número) y que los modos de enseñar, aprender y compartir conocimiento están cambiando en gran parte debido a la influencia cada vez mayor de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Desde hace veinte años, aprox, solemos sintetizar estas tecnologías en la palabra Internet.

“Es muy difícil hacer el ejercicio cognitivo de imaginarse que no existe YouTube”, dice Valentín Muro a manera de ejemplo de cómo las TIC han cambiado ciertas percepciones de acceso a la información. Muro, a los 24 años, puede considerarse un joven precoz – lo dice el cronista, no lo dice él -. Es miembro del colectivo Wazzabi – un espacio de investigación, creación y colaboración creado con amigos – y de la legendaria Cátedra de Datos fundada por Alejandro Piscitelli. Por sobre todas las cosas, podría decirse que Muro es un creativo, y no en el sentido publicitario del término.

Wazzabi y la relatividad del espacio

Wazzabi se originó hace unos dos años como grupo de WhatsApp entre cinco amigos que compartían intereses temáticos. Por aquel entonces, Muro ya llevaba unos meses trabajando en el laboratorio creativo del programa Conectar Igualdad y estaba muy metido en nociones como las de hackerspace. Un hackerspace o hacklab es, según la omnipresente Wikipedia, “un sitio físico donde gente con intereses en ciencia, nuevas tecnologías, y artes digitales o electrónicas se puede conocer, socializar y colaborar. Puede ser visto como un laboratorio de comunidad abierta, un espacio donde gente de diversos trasfondos puede unirse. (…) El propósito de un hackerspace es concentrar recursos y conocimiento para fomentar la investigación y el desarrollo”. El intercambio entre los amigos invariablemente recaía en ideas para potenciales proyectos, por lo cual eventualmente surgió de manera natural la propuesta de armar un hacklab. El primer escollo, no obstante, se presentaba en la forma de cómo armar el espacio físico.

Durante el MICA 2013, Muro fue convocado para armar el Hackaton Musical, que terminó organizando el grupo ya como Wazzabi. El éxito de la iniciativa les dio la punta de cómo resolver lo que hasta ese momento se les había planteado como obstáculo: en lugar de un lugar físico fijo, ser un laboratorio itinerante que organizara actividades en distintos espacios.

La itinerancia puede tomar distintas formas. Wazzabi se presentó y fue seleccionado el año pasado para una Build Night, un evento mundial coordinado por instructables.com. Instructables es un espacio creado por miembros del laboratorio del Massachussets Institute of Technology (MIT) -, que se dedica a publicar tutoriales – instrucciones – para poder hacer prácticamente cualquier cosa – literalmente – de manera autodidacta siguiendo la lógica de acceso al conocimiento de manera colaborativa. La Build Night consiste en seleccionar a cientos de participantes de todo el mundo que a su vez se combinan con el aporte de algunos de los sponsors de Instructables para lo que se podría llamar un gran taller creativo internacional. Wazzabi fue uno de los elegidos en agosto pasado junto con otros cien participantes y llevaron adelante lo que fue un Taller de Inventos.

El patrocinador que le tocó a Wazzabi era un fabricante de componentes electrónicos, y entonces su tarea fue implementarlos en el taller. La empresa les envió los componentes y con ellos Wazzabi armó una jornada que duró “unas ocho o nueve horas”. La idea fue que asistiera gente sin necesariamente algún tipo de conocimiento técnico en electrónica – “es algo también a lo que nos enfocamos, que cualquiera puede hace cualquier cosa en un sentido estricto; realmente, no importa cuál sea tu background vengas y hagas lo que se te ocurra” -. Muro recuerda el caso de dos chicas de la carrera de Artes, “que nunca habían hecho nada de electrónica en su vida. La primer tarea, una de las más divertidas, era que les enseñamos a desoldar, cómo sacar componentes. Con un soldador y otro aparato desarmaron todo el panel de un lavarropas. Después, ellas mismas habían traído celulares rotos, y entonces dijeron que querían ver cómo funcionaba el vibrador. Les mostramos y en dos minutos estaban desarmando todos los celulares en la mesa. Cuando llegaron a eso dijeron ‘bueno, pero queremos hacer algo con esto’. Empezaron a mezclar cosas, siguieron incluso todos los pasos que tiene el desarrollo de un producto. (…) Hicieron primero un prototipo en una placa que se llama Protoboard, que tiene agujeritos y conectando cables podés armar y desarmar el circuito para probar lo que sea. Después de eso, cuando llegaron más o menos a lo que querían, lo dibujaron, como un primer boceto de su circuito. Probaron de vuelta el circuito y después lo terminaron haciendo en una placa impresa. Con eso, armaron una especie de robot que giraba arriba de la mesa y se le prendían las lucecitas. En siete horas, personas que el día anterior no hubieran pensado que podían soldar”. Muro enfatiza que es necesario atravesar el prejuicio de la dificultad de la ciencia y la tecnología, de que es para pocos, que “tocar el piano es mucho más difícil que hacer electrónica”.

En los talleres de Wazzabi, el acento no está puesto en el aspecto técnico, sino en estimular la búsqueda; aprender a buscar. Muro considera que al tener claro el objetivo, aquello que se quiere lograr, allana el camino para encontrar los medios que permitan alcanzarlo. Lo que se persigue es salirse del ser un mero espectador o consumidor porque “cuando se dan situaciones donde uno modifica físicamente el entorno, donde cambiás la habitación en la que estás, o arreglás una mesa o una computadora o hacés un regalo de navidad para alguien, te refuerza en tu noción de vos mismo como creador; la capacidad que vos tenés de cambiar el mundo”.

Muro no teme la fantasía que se suele postular como riesgosa de que todo está en Internet, porque dice que para el acostumbrado a hurgar por la web es natural darse cuenta cuál es el límite de lo virtual. Ejemplo número uno, las búsquedas médicas. Si uno prestara atención a todo lo que encuentra, muy probablemente ya debería estar bajo tierra fallecido de una muerte terrible y dolorosa. Por eso, la clave, dice Muro, es dar las herramientas para poder identificar la información útil de aquella que no lo es. Dentro de esa misma conciencia de potenciales y limitaciones “a veces se pierde de vista, con el asunto del poder democratizador de Internet, que la posibilidad técnica de que todos escribamos o subamos nuestros videos existe, pero todo lo que subimos no lo lee cualquiera. (…) Las cosas que se viralizan siempre tienen que ver con alguien influyente que las puso ahí”.

La búsqueda de rédito económico no forma parte de Wazzabi. La idea es siempre en lo posible que sean otros ingresos los que puedan sustentar las actividades. Es más, dice Muro, “incluso me gusta hacer las cosas de tal modo que yo sea reemplazable”. Eso obedece, por un lado, al deseo de que lo que prime sea el proyecto en cuestión. Pero, también, a una naturaleza inquieta donde necesita estar permanentemente en movimiento.

Hágase usted mismo

Muro dice que una de sus principales influencias fue leer en 2003 La ética hacker, de Pekka Himanen – legendario hacker – con prólogo de Linus Torvald – padre de Linux – y que siempre fue autodidacta, que “por eso siempre me costó mucho la escuela. Esto es algo personal, pero me cuesta mucho seguir una clase. Siempre estoy atrasado respecto del grupo o adelantado. Entonces, siempre estoy o confundido o aburrido. Por eso, la escuela no me gustaba, realmente, a tal punto que en la secundaria el último año no lo cursé”. Lo que hizo fue preguntar en la dirección de la escuela si era posible pasar sin cursar y le respondieron que, si bien nunca antes se había hecho, técnicamente era factible. Muro entonces procedió a aprobar las 14 materias de quinto año de manera libre en unos pocos meses. Mientras sus compañeros cursaban el último año, Muro viajaba a Buenos Aires para trabajar en proyectos propios.

Empezó, dice, a trabajar con tecnología a los 16 años. “Me la pasaba haciendo favores, pero eran con cosas que me entretenían todo un fin de semana. Para quien lo hacía, me decía ‘lo que estás haciendo es un trabajo´. Yo era ‘ah, bueno, mirá vos’, ‘Te tengo que pagar por eso’. Entonces, empecé a trabajar, porque me empezaron a pagar por las cosas que yo ya hacía. Me independicé económicamente muy temprano, antes de terminar el secundario”. Por ese tiempo, también participó de Wikipedia editando en 2006 alrededor de 400 artículos.

A los 18 años, instaló un ecógrafo transvaginal en una clínica de fertilidad. Muro se encargaba del mantenimiento de las computadoras de la clínica, cuando un día lo llamaron y le preguntaron si se animaba a instalar un ecógrafo. “Dale, ¿qué tan difícil puede ser?”, fue su respuesta.

Mientras cursaba el CBC para Física, se encontró pensando que necesitaba algo más amplio. Al año siguiente, se fue para Filosofía.

Su primer proyecto grande con base en Internet ocurrió en 2006. Todavía en su Bariloche natal y conexión dial up, una madrugada de enero se enteró de Bubble Project (Proyecto Burbuja), creado por el diseñador y creativo Ji Lee – nacido en Seul, Corea del Sur, criado en San Pablo, Brasil y residente en Nueva York, Estados Unidos -. Bubble Project consistía en pegar globos de diálogo sobre las publicidades callejeras, que al pasar la gente fuera escribiendo diálogos y luego el resultado final era fotografiado. Esa misma noche, Muro cuenta que armó la web en castellano del proyecto y se lo envió a Lee, que por su estadía en Brasil conocía Bariloche – uno de los destinos argentinos preferidos por los brasileros que visitan el país – y que por eso le tomó un cariño particular y le dio el ok. Bubble Project tornó en un éxito y cuando se publicó tres años después un libro al respecto, al mencionar su proceso de globalización uno de los tres puntos internacionales era Bariloche.

Luego de la experiencia de Bubble Project, Muro se dedicó a armar comunidades web de fans de las bandas de música que escuchaba. Una de ellas tuvo tanta repercusión que recientemente la discográfica de la canadiense Sun 41 lo contactó para que fuera la comunidad oficial.

En 2012, ingresó al Laboratorio de Innovación de Conectar Igualdad, cuyo director era Alejandro Piscitelli, titular y co-fundador de la Cátedra de Procesamiento de Datos  de la carrera de Ciencias de la Comunicación. El laboratorio funcionó hasta que Piscitelli se fue a trabajar en un proyecto similar en la universidad Tadeo Lozano, en Colombia. Ya en 2013, Piscitelli sumó a Muro en calidad de asesor técnico al staff de la Cátedra de Datos – así se la suele llamar y es una de las referentes históricas en la Argentina en cuanto a la investigación alrededor de nuevas tecnologías habiendo dado sus primeros pasos oficialmente allá por 1996 -. “Básicamente, estoy entre el Jefe de Cátedra y la adjunta y demás cuando se arma el programa y se discuten los temas. Yo doy mi opinión desde el conocimiento muchas veces técnico, ellos aportan desde las humanidades y mi rol es ver qué parte es viable y por lo general disparar puntas para investigar”. El año pasado dio teóricos y este además de los teóricos ya trabaja con los propios estudiantes.

En 2013 también su primera charla en TEDx, aunque pone algunos reparos al formato si se lo piensa como un fin en sí mismo. La charla inspiradora, dice Muro, no es suficiente porque “ideas muy complejas muchas veces se quedan en una historia de 18 minutos (…) Funciona como complemento, pero no como reemplazo”.

Hackumental y más allá

Uno de los proyectos más ambiciosos de Wazzabi es su Hackumental (Hackumentary en inglés). En él, buscan recopilar historias por todo el mundo de formas de hacer, no ya necesariamente de especialistas o profesionales, sino de todo aquel que hace y cómo eso los conecta de algún modo. La primera etapa tuvo a los Wazzabi recolectando distintas historias que están ahora en proceso de subirse a la web, permitiendo que cualquier usuario las descargue y realice su montaje personal en base al material disponible – es decir, que cada uno puede hacerse su propia película -. Pero el objetivo último es que en base a unos parámetros básicos cualquier usuario desde cualquier lugar del mundo suba su contenido para contribuir al repositorio, retroalimentando el circuito.

Los Wazzabi rodaron su parte documental por Europa. Querían encontrar el contraste entre el Viejo Continente y Latinoamérica. A través de una red de comunicación, fueron estableciendo los contactos europeos y pudieron visitar espacios de experimentación e investigación desde Londres a Estocolmo. Lo que encontraron fue que en América Latina el hacer “tiene mucho más que ver inclusive con una cuestión de supervivencia”. El lo atamos con alambre, dice Muro, es “terriblemente hacker”.

Por otra parte, lo que depara el futuro los tiene hablando con la Universidad de Lanús para dar talleres y con el espacio cultural Flexible, para armar un makerspace para chicos. Otro proyecto aún más ambicioso que han presentado al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires apunta a “recuperar las bibliotecas”, tomando de parámetro lo que se viene realizando en Canadá desde hace cuatro años. Por un lado, Muro explica que parten de la noción de que las bibliotecas no están pudiendo generar públicos nuevos. Pero, además, proponen expandir el concepto de alfabetización, que consideran actualmente sigue incluyendo sólo leer y escribir. “Deberíamos pensarlo de forma más amplia incluyendo lo que se conocen como las habilidades para el siglo XXI, que van desde el liderazgo y la ejecución de proyectos a la empatía y diseño y las tecnologías digitales”. El uso de estas últimas implica no sólo el consumo de información y aplicaciones, sino también la creación. Por eso, Muro dice que sería necesario que en cada biblioteca se cuente con una impresora 3D. “En principio – desarrolla, con una sonrisa – tiene un efecto de (Caballo) Troya. Básicamente, si vos ponés una impresora 3D en cada biblioteca la gente va a ir sólo para ver la impresora. Una vez que la gente está dentro de la biblioteca, es mucho más fácil convencerla de que se quede ahí que antes de que entrara”. Aunque también va más allá, porque “ahora también junto a los libros puede haber un destornillador o un Arduino. (…)(Es) convertir a las bibliotecas en espacios de creación e innovación ciudadana”

De movimientos y autosuficiencia colaborativa

A lo largo de la entrevista, Muro hace referencia a dos movimientos globales. El Do it yourself  (Hágalo usted mismo)y el Maker (Hacedor).

El movimiento DIY (el concepto en sí es mucho más antiguo) como lo conocemos hoy tiene sus orígenes en los ‘70s en el Punk, cuando las bandas comenzaron a autoproducirse y distribuirse y en una reacción anticonsumista. Hoy en día aplica también a la noción de que cualquier persona está en condiciones de adquirir las habilidades para alcanzar la autosuficiencia en materias manuales. Con el avance de Internet, la posibilidad de compartir información, conocimiento y herramientas ha potenciado las características del movimiento y expandido sus rubros de influencia.

El movimiento Maker está estrechamente asociado al DIY, aunque ya nace en el siglo XXI y como resultado del avance de Internet. A mediados de la primera década del 2000, el periodista especializado en tecnología Dale Dougherty creó la revista Make, que se concentraba en aquello producido por la lógica hágalo usted mismo. Un año después, en 2006, lanzó el evento Maker Faire, esencialmente una feria itinerante de exposición de los trabajos realizados por este tipo de hacedores. El movimiento Maker es identificado no sólo con el hágalo usted mismo, sino con la posibilidad actual que tiene por ejes la posibilidad de compartir información a velocidades nunca antes posibles, la conectividad global que permite trabajo colaborativo a distancia y el abaratamiento de los costos de producción que facilita que cualquier individuo con un poder adquisitivo no demasiado elevado pueda llevar a la práctica sus diseños (localmente o por encargo a terceros en otras geografías, lo que es, nuevamente, posibilitado por la mejora en las comunicaciones).

Foto: Diego Braude

AUTOR

DIEGO BRAUDE. Licenciado en Artes Combinadas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Periodista y documentalista. Crea y dirige Imaginación Atrapada desde 2005, proyecto seleccionado como mejor revista de teatro en los Premios Teatros del Mundo. En 2013 estrenó su largometraje documental “Fabricantes de Mundos” y desde 2011 ha escrito en el diario Página/12 y la revista Acción.

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