Fotografía: Miguel Varona

Hoy quiero contarles una historia de amor. Es la historia de una mujer simple, música, emprendedora, enamorada de su comunidad y dispuesta a dar todo, literalmente, por su gente. Pero para que este relato pueda comprenderse cabalmente, para que sus personajes cobren vida, sus geografías volumen, sus conflictos vibren, les voy a pedir que antes de conocerla atraviesen algunos párrafos. Porque para conocer el romance de Claudia, hay que conocer el Cauca.

EL PARAÍSO PROHIBIDO

El Cauca es una región de Colombia pletórica de riqueza humana, diversidad cultural y recursos naturales. Todos los climas, extensas costas sobre el Pacífico, seis parques naturales, una tercera parte de su territorio declarada zona de reserva forestal, variedad de especies de flora y fauna, minerales, alimentos. Su población está compuesta en buena medida por indígenas (21,5%), distribuidos en 8 etnias: los yanaconas, los ingas, los kokonukos, los totoroes, los paéces, los guambianos, los eperara y los siapidara. Los afrocolombianos por su parte, suman un 22,19%, y los mestizos y blancos un 56,31%.

Sin embargo, acercando la mirada, estas maravillosas riquezas contrastan con una realidad dura. Durísima. Pobreza estructural, violencia armada, pueblos enteros desplazados de sus lugares de origen, crisis sanitaria, carencia de infraestructura, analfabetismo. Entre 2002 y 2010, la pobreza extrema en Cauca pasó de 24,5% a 35,9%, esto es, medio millón de personas que no pueden cumplir con los requerimientos nutricionales mínimos de subsistencia. El porcentaje de personas en situación de pobreza se elevó del 58,2% al 64,3%: dos de cada tres caucanos son pobres (a nivel nacional, la relación es de 9 de cada 20 personas). La capital del departamento de Cauca, Popayán, ocupa el primer lugar del país en términos de desempleo hacia octubre de 2012 con el 18 %. La esperanza de vida en la región es 3 años menor que el promedio nacional. tras 30 años de guerra, se registró oficialmente en Colombia a la víctima número 6 millones

Como si estas problemáticas sociales no fueran suficientes, el enfrentamiento militar encuentra a la población como rehén indefenso entre fuerzas fuera de control que disponen de tierras, bienes y personas. A nivel nacional, tras 30 años de guerra se registró oficialmente en Colombia a la víctima número 6 millones. La cifra es escalofriante, pero las historias de personas, familias y comunidades enteras detrás del número son desgarradoras. La inmensa mayoría han sido víctimas de desplazamiento forzoso (5,4 millones).  Miles padecieron  otros crímenes de guerra: más de 130.000 amenazados, 90.000 desaparecidos,  21.000 secuestrados, casi 55.000 víctimas de actos de terrorismo,  95.000 homicidios, más de 540.000 personas afectadas por el asesinato de un ser querido, 10.500 víctimas de minas antipersonas, 6.500 casos de tortura, 4.000 casos de violencia sexual y casi 7.000 casos de reclutamiento forzado de niños.

En este contexto, y según la observación más actualizada del monitor de eventos de conflicto de la OCHA, el departamento de Cauca se convirtió en el más afectado por ataques relacionados con el conflicto: emboscadas, atentados, desplazamientos masivos y combates. Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), señala al pacífico caucano como una de las regiones en las que los grupos armados ya se encuentran consolidados en el territorio. Solamente entre 2008 y 2011, fueron expulsados de sus municipios de residencia mas de 50.000 menores.

HABÍA UNA VEZ UNA CIUDAD. HABÍA UNA VEZ UN PARQUE

La ciudad de Popayán, como capital del Cauca, es receptora número uno de población desplazada y de bajos recursos. Las zonas mas carenciadas están ubicadas en la Comuna 8 y sus alrededores: concentran población de estratos 0, 1 y 2, son receptoras de desplazados y muchos de sus barrios se formaron con mecanismos de invasión, después del terremoto de 1983, que dejó a más de 10.000 personas sin techo y arrasó un 40% del casco urbano.

En el corazón mismo de esa zona se construyó, por iniciativa del gobierno local, el “Parque Informático de Ciencia, Arte y Tecnología Carlos Albán”, una espectacular infraestructura situada en el núcleo duro de la pobreza de Popayán. Que tendría a Claudia como protagonista.

Por ese entonces, Claudia Cruz Astudillo había trabajado como docente universitaria y comenzado a sumar experiencia dando clases en colegios con población de escasos recursos y como  directora de música en un Municipio donde se convivía con la guerra cotidianamente. A partir de esas vivencias su  vida cambió. “Ese fue el primer acercamiento comunitario que tuve. Más allá de enseñar música significó sensibilizarme a esas necesidades, saliendo de la Universidad, de ese nicho que se había ofrecido como la comodidad. Hasta entonces yo no me veía mas allá que como una música solista, o tocando en una orquesta sinfónica. La confrontación con esa comunidad fue la oportunidad de cambiar la mirada y tomar decisiones para mi vida”. Comenzaba el romance, y Claudia ni siquiera imaginaba cuantos caminos la llevaría a recorrer.

Así, en 2005 y con 24 años de edad, le proponen administrar junto a otras organizaciones los diferentes proyectos que se desarrollarían en el marco del Parque Carlos Albán, y casi por razones administrativas crea la Fundación Polifonía, la organización que le serviría como plataforma para generar y participar en proyectos comunitarios de allí en más. Niños de la calle, que trabajaban como recicladores de papel, se convirtieron en expertos en robótica

Pensado en principio con una impronta tecnológica, a partir de las experiencias de las organizaciones que lo operaban el Parque fue modificando su perfil, hasta convertirse en un proyecto artístico, comunitario e integrado que logró importantes reconocimientos a nivel internacional. “El parque incluía diferentes salas temáticas, entre ellas la de música, donde se brindaban talleres dirigidos especialmente a población vulnerable”, recuerda Claudia. “Y fue muy bonito porque a partir de entonces las diferentes salas, que incluían audiovisuales, teatro, ludoteca, artes plásticas, biblioteca, empezamos a diseñar un proyecto estratégico integrado, para brindarles oportunidades a los niños. La biblioteca llegaba a recibir 31.000 usuarios por mes, los niños que eran trabajadores informales, muy pequeños, podían acceder a computadoras, al trabajo con arte, con música, y se fueron generando en ellos hábitos que ayudaron a que se fueran escolarizando”.

Uno de los pilares fundamentales de la propuesta era lo lúdico como camino hacia el aprendizaje: “construíamos a partir del juego, a través del cual entraban a las diferentes áreas. Niños de la calle, que trabajaban como recicladores de papel y demás, se convirtieron en expertos en robótica con el apoyo de ingenieros electrónicos que los preparaban, y así llegaron los niños a las Olimpíadas de Robótica en la Universidad del Cauca. La capacidad, la creatividad que tenían esos niños…su día a día era guerrear en la calle, buscar su oportunidad para comer, para vivir, y eso los hacía muy recursivos, y se reflejaba en el trabajo de robótica”.

A partir del cambio de autoridades y con las políticas implementados por el Alcalde electo por el Partido Liberal, Víctor Libardo Ramírez (2003-2007), el proyecto modificó su  filosofía drásticamente. “El lugar tenía una afluencia de público impresionante, reuníamos más de 1500 personas para ver películas al aire libre, exposiciones, talleres de arte, de apreciación de cine. Y cuando las nuevas autoridades vieron que eso tomaba fuerza quisieron empezar a vender los servicios. Las organizaciones que trabajábamos en el proyecto nos volvimos como piedras en el zapato para el Alcalde, por las exigencias que presentábamos para el sostenimiento, y nos fuimos retirando”. Claudia no es del tipo quejoso, sino del que sigue adelante. Podríamos decir que tiene una actitud de “todo suma”, por lo cual prioriza cada avance para la comunidad por sobre sus cuitas personales. Aunque no por eso deja de realizar un balance. “Fue toda una generación la que pasó por el Parque, que en ese momento estaba condenada a seguir históricamente el destino de sus padres, y pudieron ampliar su mirada y su futuro. Hoy encontramos muchos muchachos con historias de vida positivas y muy diferentes a lo que habría sido de no pasar por ahí”.

CANTAR, ALIMENTAR, PROTEGER, EMPRENDER

Demás está decir que a estas alturas Claudia no se quedaría quieta. De hecho era apenas el inicio, y ahora comenzaría a moverse más que nunca. Desde mayo de 2007 Colombia contaba con su primer Ministra de Cultura afro descendiente, Paula Marcela Moreno, que había tenido un fuerte trabajo previo en la zona del Pacífico y propone una estrategia de fortalecimiento dirigida a las escuelas de música en esa región. La Fundación Polifonía es encargada de realizar el diagnóstico de los14 municipios del Pacífico Sur. Y evalúa que “se ve una necesidad urgente de actuar con políticas de gobierno, porque son zonas vulnerables, golpeadas por la violencia y de difícil acceso, a las que sólo se llega por vía fluvial o marítima, y en algunos pocos casos por vía área. Eso ha convertido la región en epicentro de acciones de grupos armados, laboratorios de cocaína, y a traído consigo problemáticas propias”.

A partir de ese diagnóstico se vislumbran desde lo cultural una serie de necesidades, “sobre todo la de fortalecer una expresión musical propia, tradicional, que es la música de marimbas propia de la zona. La principal debilidad de esta manifestación cultural era la pérdida de los músicos mayores y la poca transmisión que había habido entre generaciones, y en especial la principal figura de esa música que es la cantadora”. Con Polifonía en el rol de facilitadora y el apoyo del Ministerio de Cultura, la antropóloga del Pacífico  Paula Andrea Navia presenta la iniciativa de organización de las señoras. Nace el proyecto de la Red de Cantadoras del Pacífico Sur, que Navia lidera hasta el día de hoy a través de la Fundación CANAPAVI (Cultura Nariñense para el rescate de los valores e identidad).

Muchas veces son las cantadoras las que salen a defender a su gente. Y se lo cantan. Y los siguen en sus canoas, hasta que tienen que soltar a esa persona y devolverlo a su comunidad

Los primeros acercamientos comenzaron desmontando mitos: las cantadoras, y no los marimberos (hombres), eran las verdaderas líderes de los grupos de marimbas y quienes definen como transcurre la música. Pero eso no era todo. Cuenta Claudia: “Empezamos a generar estrategias con las cantadoras y nos dimos cuenta que además de la música, contábamos con un grupo de mujeres que en el día a día se desempeñaban también como unas guerreras, lavanderas de ropa, pescadoras, prácticamente llevaban el sustento a sus familias. Y también en algunos casos muy bonitos y a la vez peligrosos, eran las que colocaban las fronteras para que los grupos no entraran a su territorio e incluso salvaban a los hombres para que no fueran llevados”. Salto de mi asiento, me sorprendo. ¿Unas señoras mayores enfrentando a grupos armados? ¿Estamos en territorio de la metáfora? Claudia, aclarame esto por favor. “Muchas veces son las cantadoras, las madronas, las que los enfrentan y salen a defender a su gente: “no, a ese muchacho no se lo llevan porque ese muchacho es de aquí”. Y ellas se lo cantan. Y los siguen en sus canoas, hasta que tienen que soltar a esa persona y devolverlo a su comunidad porque ellas lo ordenan. Son una figura importante para el Pacífico, de respeto, más allá de lo musical. Son sabias, son las parteras, las que reciben a los bebés”.

Claudia se ve a sí misma y a la Fundación Polifonía en una función de asistencia, nunca en un rol protagónico: “Ellas mismas empiezan a diseñar las estrategias, apoyos y alternativas de solución posibles. Nosotros simplemente nos convertimos en vehículos para hacer llegar al Ministerio las necesidades que ellas plantean. Y les ayudamos a diseñar los proyectos y espacios, de que manera plantearlo, a quien pedirlo, nos volvemos más interlocutores que otra cosa”. Con la intervención del Ministerio de Cultura, en 2010 se logra la inclusión de las Músicas de Marimba y Cantos Tradicionales del Pacifico Sur Colombiano (de la cuales la Red de Cantadoras configura una de las acciones de salvaguardia) en la lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

Tras cuatro encuentros temáticos de cantadoras realizados con el objetivo de intercambiar experiencias y planificar actividades anuales, la Red se plantea ahora que “no solo debe  promover la tradición musical en si misma, sino que debe impulsar iniciativas que contribuyan al mejoramiento de las condiciones de vidas de quienes componen la red, fortaleciendo las ideas de emprendimiento y creación de empresas culturales”.

VIENTOS DE PAZ

Con el proyecto de las Cantadoras en marcha exitosamente, las experiencias acumuladas y la pasión siempre en alza, Claudia (que seguramente al leer estas líneas me retaría “¡Es la Fundación, no Claudia!”) va a por mas. Pero  antes de develar su mas intenso romance, hay que decir que Colombia posee el movimiento de bandas musicales más importante de Latinoamérica. Son más de 1200 agrupaciones en todo el territorio, con modelos pedagógicos que se replican en cada rincón, creadas con un sentido de integración social, y desarrolladas en un contexto promovido por políticas de Estado que ven en la música una posible alternativa para aportar a la resolución de la problemática de la violencia de la guerra.

Música, bandas, niños, jóvenes, comunidad, Cauca. Era demasiado para que esta mujer se quedara quieta. Corría 2010, y ella misma lo cuenta. “Comencé a trabajar con las bandas en el Cauca, asesorando a la gobernación en temas de música. Empecé a viajar y a descubrir un mundo fascinante, el de las bandas. Como intérprete de percusión yo disfrutaba más ser parte de las bandas que de una orquesta sinfónica. Y empezar a descubrir iniciativas de formación alrededor de cada banda fue muy valioso. En el Cauca tenemos 42 municipios, y cada uno de ellos tiene una agrupación musical, que se convierte en el alma de ese pueblo, que los acompaña en sus fiestas”.

En un lugar tan violento para un niño es casi imposible pensar en cambiar su historia de vida, y la música les permite decir “yo tengo derecho, yo lo puedo hacer. Si lo hice una vez, lo voy a poder hacer después”.

Claudia nunca realizó estudios formales de gestión cultural, pero lleva incorporados ciertos mecanismos de manera natural: llega, observa, escucha, dialoga, diagnostica, detecta necesidades, y genera propuestas en consecuencia. “El nivel de nuestras bandas comparado con el de otros departamentos era bajo, debido al poco apoyo, a la pobreza extrema…los presupuestos de cultura dan risa, y sacar de ese presupuesto para la contratación de un maestro y la compra de instrumentos musicales era un sueño. Pero a pesar de eso las bandas habían tratado siempre de sobrevivir”. El primer paso fue generar alianzas estratégicas para implementar ciclos de talleres para  instrumentistas y directores. Pero esas cosquillas en el estómago y en la imaginación propia de los emprendedores (¡y del amor!) no iban a permitir que Claudia se quedara en eso. “No teníamos en el Cauca una banda sinfónica…¿Porqué no pensar en un modelo que nos permitiera tener reunidos a algunos de los mejores músicos de las bandas, que pueda convertirse en una referencia para el resto de niños y jóvenes de las escuelas de música? A partir de una reunión con los maestros les dije “ésta es la plantilla que necesitamos, díganme cuales son sus mejores hombres y mujeres, y armemos una sinfónica”.

OCV . Orquesta Caucana de Vientos ensayando bajo la dirección del Mtro. Germán Hernández Castro

OCV . Orquesta Caucana de Vientos ensayando con el Mtro. Germán Hernández Castro

Así se llegó a un primer encuentro que reunió a unos 125 músicos, todos escogidos por sus maestros: nacía la Orquesta Caucana de Vientos (OCV).  “Definitivamente eso cambió la historia de las bandas en el Cauca, porque ya el niño y joven que participó al regresar a su lugar quedó marcado por nuevas experiencias, posibilidades y sobre todo, un cambio de pensamiento, mas allá de lo musical. Era algo que buscábamos con Polifonía: tocar la autoestima de los niños. En un departamento tan violento como el Cauca para un niño es casi imposible pensar en cambiar su historia de vida, y la música les permite eso. Salir de su entorno, tener la posibilidad de contar con un buen profesor, poder tocar un instrumento, les permitió abrir los ojos y también decir “yo tengo derecho, yo lo puedo hacer. Si lo hice una vez, lo voy a poder hacer después”. A los encuentros y conciertos en Popayán y en otros lugares, se sumaron luego residencias de  artistas.

¿Cómo sigue esta historia al día de hoy? “Poco a poco las bandas han comenzado a tener mas necesidades y exigencias, como nuevos instrumentos, formación para los maestros, etc., así que en este momento y a solicitud del propio gobernador estamos trabajando en un proyecto macro para ir en búsqueda de un recurso mas importante que permita garantizar las temporadas y la circulación de la orquesta a nivel nacional y ojalá, a nivel internacional también, así como fortalecer los laboratorios de orquestas que tenemos con las bandas de los municipios”.

LA GUERRA COMO ESCENARIO, LA MUSICA COMO ESCUDO PROTECTOR

La actividad de Claudia en Cauca implica moverse de manera constante por zonas con actividad de los grupos armados, o directamente bajo control de los mismos. Encuentros, retenes, negociaciones, con las armas cargadas del lado de enfrente. “Es algo permanente. Así como entras de negociador con una comunidad para ver cual es la mejor alternativa para desarrollar un trabajo, a veces toca negociar con los grupos para decirles “bueno, yo estoy pasando por acá a cumplir con una labor, no me voy a meter con lo de ustedes”. Pero es  necesario llegar a esos sitios y no todo el mundo va a esos lugares, somos muy pocos los que entramos”.

La sensación que me queda es que, en última instancia y como decimos los porteños, “es una lotería”. “Así como pueden tener la voluntad de dejarte pasar, de hecho es incierto”, me confirma Claudia. “Muchos de los sitios que para ellos son estratégicos hacen parte de la cotidianidad de un caserío, del grupo que vive ahí. Así que uno llega con la incertidumbre de no saber si vuelve a salir o no de ese lugar. Es un riesgo que permanentemente se toma, con la convicción de que vas a cumplir una labor. No sólo nosotros sino también cada uno de los maestros que trabajan en esta zona, que son los que diariamente le ponen el pecho y están salvando a sus muchachos de la vinculación a los grupos armados”. Le pregunto si el hecho de ser mujer influye en estos encuentros, y de que manera. “Creo que mi condición de mujer ha jugado a favor. Ellos respetan mucho lo que hago, lo que desarrollo, y creo que eso me pone en ventaja. De hecho cuando he tenido trabajos con compañeros hombres he preferido decirles a ellos “esperen acá” y yo avanzo sola, para evitar ponerlos en riesgo. Y para lograr incluso a veces una mejor respuesta de la comunidad, ya que a veces se guardan información con los hombres”.

No puedo ni sirvo para estar diseñando proyectos desde mi casa imaginando lo que pueda suceder. El trabajo de campo me permite tener la seguridad de que estoy hablando con propiedad de las necesidades y no me las estoy imaginando.

Uno de los proyectos derivados de la Orquesta Caucana consiste en la creación de un centro para la reparación de instrumentos de viento en Toribío, una de las zonas de guerra mas peligrosas. Al visitarlo, Claudia y sus acompañantes se encontraron con una realidad muy propia del lugar: ”el reclutamiento para los jóvenes que estaban terminando sus estudios de bachillerato era inminente. De hecho a uno de los músicos de la banda, junto a varios niños, tuvieron que sacarlo del pueblo para evitar que fuera llevado por los grupos por la falta de oportunidades de trabajo. Estos grupos alegan que si los muchachos no tiene en que desempeñarse, son “objetivos (de reclutamiento)” para ellos. Tema clave: la música y los emprendimientos no sólo integran socialmente. “Este centro que pensamos construir en Toribío, para el cual ya están los recursos y cooperantes, busca generar empleo para muchachos, brindarles la posibilidad de consolidar una empresa propia, y permitirles también salir de la mira donde los tienen ubicados los grupos armados”, explica Claudia.

Esta función de la música abarca a niños y jóvenes. “El niño va al colegio a la mañana y a la tarde queda libre, y en esos pueblos hay muchos peligros. Por ejemplo, la incorporación de los niños al conflicto está latente. Básicamente, para los grupos armados no hay problema en llevarse a los niños a las montañas. Entonces, la música se vuelve una protección también. El músico de la banda es respetado, y los grupos respetan al músico y no lo tocan. Así que la música es prácticamente un refugio de guerra”.

HOGAR, DULCE HOGAR

Hoy, y me refiero al día en que estoy escribiendo esta entrevista, no a mañana, pasado, o al día en que ustedes pueden estar leyéndola, ya que en tal caso no podría garantizarlo, Claudia Cruz está en su casa de Popayán. Una situación poco habitual, un alto a los viajes, con la mochila que la acompaña entre ríos, selvas y montañas descansando en algún rincón. Es una emprendedora que podríamos calificar como “intensamente territorial e itinerante”: se mueve permanentemente por todo el Cauca y llega adonde muy pocos se atreven o quieren llegar. Viajar y poner en riesgo su vida permanentemente ya es para ella parte de su rutina. La pregunta que no puedo eludir es ¿Porqué?

“Primero porque disfruto moverme. Yo no me veo sentada ocho horas en una oficina, me desespero, no logro concentrarme ni disfrutar un trabajo de oficina”. Imposible no pensar “para eso, bien podrías trabajar de azafata, estimada, decime algo más”. Y me lo dice. “Segundo, desde que empecé a trabajar con comunidad es una necesidad estar con ellos, no puedo ni sirvo para estar diseñando proyectos desde mi casa imaginando lo que pueda suceder. El moverme hasta cada uno de los lugares y vivir el día a día allá me permite explorar que necesita cada persona para hacer sus cosas, cuanto tiempo se gasta, cuales son las limitantes y los problemas que tiene. Entonces, ese trabajo de campo me permite tener la seguridad de que estoy hablando con propiedad de las necesidades y no me las estoy imaginando. Me convierto en los ojos para los que no quieren ir hasta allá, por ejemplo”. Ahora sí, clarísimo,  se llama entrega en estado puro: “Así como hay compañeros de trabajo que detestan que los moscos le piquen, o que el sol los queme, estoy yo para hacer ese trabajo, y simplemente transmito la información que tengo y ellos desde sus lugares hacen también su labor, que complementa lo que yo hago. Creo que ser ese eslabón también me hace feliz”.

Como decíamos al comenzar, esto se trata del amor.

La entrevista ha sido fuerte y vamos llegando al final. Pero intento ir un poco más allá en su historia, y le pido a Claudia que me cuente los tres momentos mas felices que recuerde entre tantas emociones. Sé que es una mujer de una sensibilidad enorme, pero también que no se siente cómoda en el centro de la escena. “Es difícil. Son muchos y en diferente momentos, pero que se repiten. Nosotros con esta labor no buscamos nunca reconocimiento. De hecho yo odio todas esas cosas, las fotos y todo ese rollo. Pero para mí, la sonrisa de los niños, verlos mejorar en sus condiciones de vida, eso realmente me hace feliz. Ver a un niño que ha estado preocupado por su situación con la guerra, por la pobreza, por las tantas dificultades que pasan nuestros niños acá en el Cauca y en el país…y ver que la música los hace felices y los hace sonreír…creo que ahí vale la pena absolutamente todo”. Ahora sé con certeza  que se avecina el cierre de la conversación, porque el nudo en mi garganta me impedirá seguir preguntando. Las palabras de Claudia brotan mas lentas, está recordando, sus ojos miran ahora hacia adentro. “Ver a mis muchachos de la Orquesta, a un niño indígena, decir que el quiere ser director de orquesta y estudiar para serlo…que sueñe con mejorar y traspasar esa barrera que incluso sus papás le han puesto por las condiciones  en las que viven. El recuperar los sueños en los niños del Cauca a través de estos proyectos ha sido la principal satisfacción para nosotros. Y definitivamente en este proyecto…”. Corazón abierto: habla de su amada Orquesta de Vientos, y sé con certeza que imágenes y sonidos la han tomado por asalto sin pedir permiso. Junta fuerzas para terminar. “Oír una orquesta, oírla sonar, eso ya…es felicidad”.

Claudia Cruz y sus amores

Fuentes:

Plan de Desarrollo Departamental del Cauca 2012-2015
Kienyke. Las zonas de mas violencia en Colombia
Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas de Colombia
Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC)
Monitor de eventos de conflicto. Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios en Colombia (OCHA)
Red por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca. Informe: Situación de Derechos Humanos en el Departamento del Cauca año 2012

Mas información sobre la Fundación Polifonía

eMail: info@polifonia.co

AUTOR

FEDERICO BOROBIO. Emprendedor, gestor cultural, periodista y realizador audiovisual. Creador y director del portal Recursos Culturales y de la revista Emprende Cultura. En 2007 realiza el posgrado internacional en Gestión y Política en Cultura y Comunicación (FLACSO). Entre 2000 y 2004 fue codirector de la productora y espacio La Nave de los Sueños y del Festival Internacional de Cortometrajes Sueños Cortos.

8 COMENTARIOS DE LECTORES

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  1. Pingback: Dossier Cultura y Comunidad | Periodismo para artistas, gestores, emprendedores, organizaciones y proyectos culturales 26 Abr, 2014

    […] épicos en sí mismos y parte de una red inmensa que los excede. Así, Federico Borobio cubrió el increíble trabajo de la Fundación Polifonía en Popayán, Colombia. Entrevistó a su creadora, Claudia Cruz Astudillo, sobre lo que es hacer gestión cultural donde […]

  2. MARIANA on 6 junio, 2014

    GENIAL! QUÉ MUJER Y QUÉ MOVIMIENTO!!!!!!!!! Buenísima la nota!

  3. Pingback: Claudia Cruz y la Fundación Polifonía. Emprender en tiempos de guerra. | Sempre Allegro 5 Dic, 2014

    […] Emprende Cultura por Federico Borobio. Hoy quiero contarles una historia de amor. Es la historia de una mujer […]

  4. Vivi on 18 junio, 2015

    hola Claudia…! llegué hsta uds a través de Emprende Cultura y leyendo la nota quedé extasiada.., conmovida hasta el tuétano…
    les cuento un poco, soy argentina, escritora, dramaturga, actriz de catarsis, ja, y cinéfila empedernida -desde los 10 añitos..- estoy en un proyecto Arte Transfomador-vinculado a lo social-comunitario-, vivo en prov de Bs As y viajo por seminarios a capital. amo el Arte en gral y amo a mi pais y a latinoamerica toda.
    lo que realizan es extraordinario! deseo contactarme con uds…
    los abraza,
    Vivi del Villar
    face Vivi Delvi

  5. Celia BJ on 26 julio, 2015

    Un reconocimiento merecido, quienes la conocemos sabemos de sus virtudes y su gran trabajo. ¡Felicitaciones Fundación Polifonía!

  6. Que interesante iniciativa Dios le continué bendiciendo.

  7. Pingback: EC#2 – Cultura y Comunidad – Sumario 23 Jul, 2016

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